miércoles, 17 de mayo de 2017

Mesas vacías

Es sábado por la noche, y el clima está templado en la Colonia Roma, al caminar por las calles del barrio te puedes cruzar con las familias que habitan la colonia y que regresan a casa luego de una tarde de juego en alguna de las plazas que han retomado brillo y visitas estos últimos años.

No vale la pena siquiera destacar lo profundo del cambio físico y social que La Roma ha pasado en la última década poco queda de aquel barrio en resistencia luego del seísmo de 1985. La colonia se ha transformado de a poco de un vecindario residencial con tiendas de ocasión y negocios locales, en un epicentro de cientos de locales dedicados a la restauración --alimentos--.

Álvaro Obregón Col. Roma
Las calles de la colonia se van poblando de restaurantes, cafés, y pequeños locales que ofrecen todo tipo de comida. Lo cual pudiera ser un reflejo de una economía activa y en constante transformación, lo que a priori sería algo bueno para la ciudad, pero algo se siente extraño.

Sigue siendo sábado, son las 8 pm y las sillas que bordean las mesas de cientos de locales están vacías.

Es difícil interpretar esta realidad, pero seguramente muchos de los que habitamos y paseamos esta ciudad hemos notado este hecho. El porqué puede tener muchas explicaciones. Sin embargo, el hecho es que estas mesas sin comensales encierran una crítica aun modelo de ocupación y concentración del sector servicios que muestra signos de agotamiento.

Por un lado, está el hecho que la oferta parece estar rebasando la demanda, por otro, el que los residentes de la colonia están dedicando demasiados recursos a otros aspectos de su economía. Cómo el alquiler, según la revista Obras el alquiler en barrios cómo la Roma se ha multiplicado diez veces en diez años, esto es un dato que genera concentración de recursos en los propietarios o tenedores, evitando que el dinero se disemine en otros aspectos de la economía de escala barrial.

Pero esto no termina ahí, el alto costo del alquiler se refleja en el costo de los platos y servicios que se ofrecen en la colonia. Mientras un café espresso se vende en hasta en 40 pesos en la roma, en colonias vecinas cuesta 15 pesos, esta diferencia es radical.

Las mesas están vacías un sábado por la noche y eso debe preocupar a todos, porque la economía se detiene y las calles se quedan solas. El modelo se ve agotado y eso tiende a generar vicios en la economía, la pregunta es que hacer al respecto. Eso hay que entenderlo, meditarlo y buscar alternativas y respuestas a las muchas preguntas que este hecho genera.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Lluvia, inundaciones, ciudad

Esta temporada de lluvias en la ZMVM nos recuerda lo frágil del ecosistema que habitamos. Partamos del hecho que vivimos en una ciudad que en primer lugar no debería estar en ese lugar, sin embargo, existe.

Partiendo de esta realidad y con la mirada puesta al futuro no queda más que encontrar vías para la misma sea un lugar lo más equilibrado y sostenible posible, donde quienes ahí viven puedan desarrollar su existencia de la mejor manera.

Esto requiere de forma evidente y urgente que dejemos de confrontarnos con el ecosistema que sostiene la ciudad y por ende a sus habitantes. Quiénes hemos invadido y transformado un territorio lacustre en una ciudad que da la espalda al ciclo de agua hemos sido nosotros. Por lo tanto, nos corresponde equilibrar este daño.

Lo que hace falta para iniciar este proceso no es otra cosa que entender que el hábitat urbano es también un hábitat natural. Que por más concreto que hayamos vertido en su superficie sigue siendo un lugar que tiende a regresar a la naturaleza y continuar con su ciclo geológico.

Las lluvias que se dejan caer sobre este inmenso valle no son si no un recuerdo de esta realidad, el agua reclama su territorio y lo hace aveces de forma violenta. Ante esto es necesario estar mejor preparados y revertir una visión que niega el agua, la cuenca, el lago, el bosque, como un sistema complejo que se rehabilita a sí mismo ahora como milenios antes de nuestra era.

El reto es uno, y es simple de explicar, tenemos que transformar la relación entre la ciudad y el agua. Este paradigma debería desde mi personal punto de vista guiar el destino de la ciudad en las próximas décadas. 

Las razones son muchas; por qué sin agua simplemente no hay estabilidad y sin estabilidad no hay gobernanza, porqué la ciudad se hunde y las infraestructuras se destruyen y pierden valiosos recursos, porqué el valor inmobiliario y patrimonial de las propiedades se contrae. Pero sobretodo porque necesitamos un ecosistema limpio y sano que asegure nuestro futuro.

No hacer es casi suicida.