miércoles, 3 de agosto de 2016

Lluvia, inundaciones, ciudad

Esta temporada de lluvias en la ZMVM nos recuerda lo frágil del ecosistema que habitamos. Partamos del hecho que vivimos en una ciudad que en primer lugar no debería estar en ese lugar, sin embargo, existe.

Partiendo de esta realidad y con la mirada puesta al futuro no queda más que encontrar vías para la misma sea un lugar lo más equilibrado y sostenible posible, donde quienes ahí viven puedan desarrollar su existencia de la mejor manera.

Esto requiere de forma evidente y urgente que dejemos de confrontarnos con el ecosistema que sostiene la ciudad y por ende a sus habitantes. Quiénes hemos invadido y transformado un territorio lacustre en una ciudad que da la espalda al ciclo de agua hemos sido nosotros. Por lo tanto, nos corresponde equilibrar este daño.

Lo que hace falta para iniciar este proceso no es otra cosa que entender que el hábitat urbano es también un hábitat natural. Que por más concreto que hayamos vertido en su superficie sigue siendo un lugar que tiende a regresar a la naturaleza y continuar con su ciclo geológico.

Las lluvias que se dejan caer sobre este inmesó valle no son si no un recuerdo de esta realidad, el al agua reclama su territorio y lo hace aveces de forma violente. Ante esto es necesario estar mejor preparados y revertir una visión que niega el agua, la cuenca, el lago, el bosque, como un sistema complejo que se rehabilita a sí mismo ahora como milenios antes de nuestra era.

El reto es uno, y es simple de explicar, tenemos que transformar la relación entre la ciudad y el agua. Este paradigma debería desde mi personal punto de vista guiar el destino de la ciudad en las próximas décadas. 

Las razones son muchas; por qué sin agua simplemente no hay estabilidad y sin estabilidad no hay gobernanza, porqué la ciudad se unde y las infraestructuras se destruyen y pierden valiosos recursos, porqué el valor inmobiliario y patrimonial de las propiedades se contrae. Pero sobretodo porque necesitamos un ecosistema limpio y sano que asegure nuestro futuro.

No hacer es casi suicida.


viernes, 12 de febrero de 2016

Calle-Creto

La práctica del urbanismo moderno en sus diversas escalas se encuentra en la actualidad en un proceso de reinvención, derivado del cambio de paradigmas que como sociedades hemos asumido para garantizar nuestra subsistencia.

Estos nuevos paradigmas orientan nuestro desarrollo en la dirección de un futuro más sostenible, que inicia con la construcción de ecosistemas más saludables. En particular el ecosistema urbano, donde se acomodan en el mundo más de la mitad de población y nacionalmente cerca del 80 %, requiere de una fuerte transformación en todas sus escalas.

Pavimentación en La Paz BCS 
Esto quiere decir que no solo los grandes proyectos de alto impacto mediático son importantes y dignos de ser analizados y considerados. La escala pequeña es por muchos motivos la principal responsable en el proceso de transformación de la ciudad y por lo tanto su discusión resulta de altamente importante para poder enfocar el destino de las urbes.

La construcción y reconstrucción de calles por ejemplo, es una actividad cotidiana, que sin embargo es tomada muy a la ligera a la hora de analizar el impacto de su diseño en la ciudad. Como consecuencia encontramos que las ciudades siguen construyendo banquetas bajo modelos que en la actualidad resultan contrarios a esos paradigmas de sostenibilidad a los que deberíamos estar sujetos.

Vegetación en grieta Ciudad de México
Todos los días son vertidos en las ciudades miles de metros cúbicos de concreto y asfalto que debido a la falta de medidas de mitigación terminan por tapar los suelos urbanos impidiendo el continuo del ciclo del agua. Este fenómeno se traduce en una isla de calor que eleva la temperatura de las ciudades a la vez que impide que el subsuelo se rehidrate, lo que disminuye gravemente la capacidad de usar agua de fuentes locales para nuestro consumo.

SI suponemos que más menos el 25 % de la superficie de la ciudad son calles la pérdida de esta oportunidad para aprovechar las calles para la mejora del medioambiente y la recarga de acuíferos urbanos resulta muy grave.

Pese a esto, es posible ver como ciudades grandes y pequeñas continúan construyendo y reconstruyendo calles pocas consideraciones sobre el futuro hídrico de las ciudades y sus ecosistemas. De hecho, el uso de concreto no es un problema en si, si no la falta de áreas apropiadas destinadas a la captura de agua en el diseño de las calles, áreas que podrían incluso construirse en concreto.

Calle con arriate vegetal México DF
Pese a estas posibilidades el vertido de concreto o el pegado de piezas con mortero sobre firmes de cemento es una práctica común y cotidiana. En los últimos años mediante la práctica profesional he sido testigo de esta realidad, lo mismo en Oaxaca, que en Baja California Sur o el Distrito Federal, las calles siguen siendo selladas de forma poco racional, sin medir las consecuencias de futuro.


Urge encontrar mejores soluciones y modificar la forma en que se hace la calle en las ciudades mexicanas. Avanzar como se ha hecho en materia de movilidad en dirección de un concepto de calle más sostenible que nos permita habitar y prosperar de forma más eficiente y equilibrada.